La Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, una de las obras más ambiciosas de la historia de la música y de las más amadas por el público, cerrará la exitosa temporada 2025 de la Compañía Artística Clásica del Sur, con dos funciones, el sábado 6 y el domingo 7 de diciembre, en el centro porteño.
Con un elenco de destacados solistas y 110 artistas en escena, integrantes de la Orquesta Sinfónica Clásica del Sur y el Coro Clásica del Sur, la compañía corona un año que la tuvo como protagonista de una elogiada puesta de la ópera Carmen en el Teatro Avenida; dos funciones agotadas del Mefistófeles de Arrgo Boito; un ciclo de cuatro presentaciones a sala llena de Carmina Burana y una versión del Réquiem de Verdi que convocó una masiva concurrencia en tres iglesias porteñas y la Catedral de San Isidro.
Las funciones de la última sinfonía del gran compositor alemán, sin duda uno de los más importantes de la historia de la música clásica, serán el sábado 6 y el domingo 7 de diciembre a las 20 horas en el Palacio Cangallo, sede de la Gran Logia de la Argentina de los libres y Aceptados Masones, bajo la dirección musical y general del maestro César Tello, con producción de Juan Carlos Montamat.

Compuesta entre 1822 y 1824 y estrenada en Viena el 7 de mayo de 1824 bajo la dirección de Michael Umlauf, la Sinfonía N.º 9 en re menor, Op. 125, fue la última obra de este tipo escrita por Beethoven y se convirtió en un símbolo de la humanidad, la libertad y la fraternidad entre los pueblos.
En el marco de apertura hacia la humanidad que caracterizó las últimas obras del compositor alemán, la necesidad de una comunicación cada vez más directa lo llevó a sumar el sonido de las voces al instrumental.
El cuarto movimiento de la Sinfonía, que incluye la célebre “Oda a la Alegría”, con texto de Friedrich Schiller, marcó entonces un hito en la historia de la música al incorporar por primera vez la voz humana dentro de una obra de carácter sinfónico, uniendo coro, solistas y orquesta en un mensaje de esperanza universal.
Si bien la composición tomó solo los últimos dos de los 12 años que separan la obra de su predecesora, lo cierto es que Beethoven ya había expresado en 1793 su intención de componer un arreglo de la Oda a la alegría, de Schiller. En ese sentido, el primer intento tuvo forma de canción, en 1798; en 1808 escribió la fantasía Coral, que llegó a ser una pieza de estudio del final de la Novena Sinfonía. y en 1815 el compositor apuntó las pirmeras notas de lo que se convertiría en el tema del scherzo de la obra.
Aunque debido a su sordera, el creador no pudo dirigir el estreno de la obra, sí supervisó hasta donde pudo los ensayos, aunque finalmente fue Umlauf quien dio las instrucciones a los músicos para que no tomaran en cuenta las marcaciones del compositor, que aún sin oírlos pudo sifrutar de los aplausos de la audiencia, a la que saludó al finalizar la interpretación.
Desde entonces, la obra se ha interpretado como himno en momentos clave de la historia, y su melodía final fue adoptada además como Himno de la Unión Europea, consolidando su vigencia como una celebración del espíritu humano.








