Gustavo Pignataro, el ultramaratonista que sigue devorando (muchos) kilómetros y (muchas) horas

“¿Salió último?, ¿Para qué corre?”, fue la dura respuesta de su profesor de gimnasia a Gustavo Pignataro, cuando a los 15 años, tuvo su estreno en carreras intercolegiales. Lejos de desanimarse, el entonces novel atleta impuso su pasión por este deporte y con el paso de los años logró insertarse en un destacado ultramaratonista. Hoy, a los 63 años, continúa activo en competencias de largo kilometraje y una alta cantidad de horas. 

De aquellos inicios en las pistas, Pignataro recuerda: “En el colegio secundario, en las clases de gimnasia jugábamos al fútbol, voley, básquet o handball y a mi siempre me elegían último. Un día le dije al profesor que yo quería correr y así empecé a dar vueltas en el gimnasio. Después le pregunté si no había alguna carrera y me dijo que había una en el club Gimnasia y Esgrima de Villa Ballester. Me llevó mi papá y corrí, salí último, pero estaba contento. Cuando le conté al profesor me preguntó: “¿salió último?, ¿para qué corre?”, en la siguiente carrera volví a quedar en el último lugar y el profesor volvió a hacer la misma pregunta”. 

Esa magra clasificación en su debut en las competencias y la negatividad del profesor no disminuyeron la pasión de Pignataro, que se sentía un corredor innato. Tampoco cuando en su siguiente intento mejoró su ubicación, llegando antes que otros dos corredores, y tampoco recibió buena onda del docente. “Así que salió tercero, pero contando de atrás para adelante, ¿para qué corre?”, fue el comentario. 

Finalizada la secundaria, Gustavo hizo el profesorado de educación física y mientras cursaba en la Universidad de Belgrano incrementó su vínculo con las carreras pedestres. “Empecé entrenando con Carlos Roses y con el tucumano Correa, hacíamos fondo y en mi grupo estaba Carlos Orué, un destacado fondista. Corrí la maratón de adidas, haciendome un promedio de 4 minutos por kilómetro pero cuando llegué a los 30 o 32 kilómetros me agarró la muralla y me frené y me puse a llorar. El tucumano Correa me dijo: “dedicate al corte y confección” y enseguida me ordenó que siguiese corriendo. Aaís llegué hasta el final”, repasa sus experiencias iniciales.

Unos años radicado en la provincia de Santa Cruz, primero en Caleta Olivia y luego en Calafate, no disminuyeron el romance de Pignataro y el atletismo. La nieve, el frío y la falta de competencias no fueron obstáculos ni excusas para continuar entrenando y devorando millaje. De regreso en Buenos Aires, le agregó un extra al desgaste de zapatillas sobre la superficie plana: la natación. “Participaba en pruebas de acuatlón, combinando carrera pedestre y natación. En esa época también hice el curso de guardavidas”, explica. 

Las pruebas atléticas de alta resistencia terminaron de seducirlo: 60 kilómetros, 100 kilómetros, 6 horas, 12 horas, 24 horas… “Corrí los 60 km de Cascallares por primera vez y lo terminé en 5 horas, 5 minutos. En la llegada entre abrazos y felicitaciones me dijeron: hoy te recibiste de  ultramaratonista, Y desde ahi no paré más”, expresa. 

San Miguel del Monte, Lomas, Santiago del Estero, Termas de Río Hondo, Balcarce, Mar del Plata, La Pampa, Montevideo, Rio de Janeiro, las competencias se fueron sumando. Y Pignataro hasta voló muy lejos para imprimir velocidad y resistencia en lejanos circuitos: Illinger, Alemania, y Camberra, Australia.

De estos exóticos destinos, el atleta argentino guarda anécdotas angustiosas en su momento y graciosas hoy: “Illinger es un pueblo de montaña, abajo está la pista donde se corre y arriba se ven las montañas. Fue complicado llegar, la primera vez desde Berlín y la segunda desde Hamburgo, porque hay que hacer combinaciones de tren y sin saber el idioma se nos complicó mucho. Encima, en uno de los viajes, al llegar a Alemania se demoraba la llegada de las valijas y me puse nervioso; la policía del aeropuerto lo noto y empezó a interrogarme a mi y a mi esposa: ¿de dónde vienen?, ¿a dónde van?, ¿en que hotel se hospedan?”. Le mostré toda la documentación y los papeles y recién cuando les dije que iba para correr las 6 horas nos dejaron ir”. 

En Australia, “hablando como Tarzán subimos a un colectivo que nos llevaba al lugar de la carrera y en un momento el chofer, con señas, nos indicó donde bajar. Era un  bosque con un sendero y no se veía a nadie. Chau, nos perdimos dijimos. Íbamos con las valijas y se acercaba el horario de largada. De pronto vemos una señora con un nene que venían caminando. El chico hablaba español y nos indicó como llegar, me cambié rapidísimo mientras mi señora preparaba la mesa con la comida y la ropa”. 

Deregreso a la Argentina, desde Australia, pasaron otro momento intenso en la aduana. “Había comprado unas sales y me habían dado la boleta explicando que era, por las dudas. Nos apartaron, pensando que podía ser droga. Hasta que no le hicieron el test con una especie de hisopo y se determinó que no era droga no nos dejaron ir”, relata. 

Más dramática resultó la experiencia vivida en Rio de Janeiro. “El Polideportivo tenía arriba dos morros, donde dos bandas empezaron a tirotearse. Iba una hora de carrera y empezaron a gritarnos que nos tirásemos al piso. Estuvimos así un tiempo largo, mientras escuchábamos como se cagaban a tiros y las balas llegaban hasta la pista. Vino la policía militar y finalmente la carrera se suspendió”, cuenta Gustavo. 

Nora, su compañera de toda la vida e infaltable apoyo en cada aventura deportiva, completa: “Después nos enteramos que había rumores que podía pasar eso, pero nosotros no sabíamos nada. Empezaron a correr y yo fui a sacar unas fotos, de pronto escucho tiros. Veía ráfagas y que los impactos levantaban la tierra, me puse atrás de una columna y no me animaba a salir de ahí. Estaba aterrada, además no sabía donde estaba Gustavo. Arrastrándome por el piso llegué hasta un baño, ahí estuvimos tirados más de media hora. Al día siguiente me duraba el susto y no quería ni salir del hotel”. 

Precisamente Nora es un valioso apoyo para Gustavo. Destaca que “está siempre y es parte de este proceso, acompañándome, llevándome la ropa, bancándose 24, 12 o 6 horas al costado de la pista. Dicen que los que corremos estas distancias estamos locos, yo creo que los que nos acompañan están más locos todavía”.

Con respecto a la preparación para estas competencias tan exigentes, Pignataro revela que “empezamos a trabajarla tres o cuatro meses antes, haciendo  entre 80 y 100 km, al ritmo de carrera o un poco más lento. Con la alimentación un mes antes empiezo a tomar protector gástrico y cuando hago fondo a consumir banana, agua, geles y alguna barrita proteica. No llevo un régimen especial de comida, pero soy de comer sano, no ingiero fritos ni alcohol”.

Del umbral de cansancio, manifiesta que “12 horas es llevable, te hablo de mí porque cada uno tiene su estrategia y su método. Si son 24 horas, yo quiero dormir aunque sea dos o tres horas. Hay competidores que corren sin parar las 24 horas, yo sí o sí  tengo que dormir”.

De la cuestión mental, un aspecto que puede influir, responde: “es lo que menos trabajamos. Yo no pienso en nada, no tenés que pensar en la cantidad de kilómetros u horas que faltan. Me acuerdo que en mis primeras carreras, decía: “no puedo más, me quiero ir” y Nora me alentaba: “seguí corriendo, para eso vinimos”·. Con el tiempo he aprendido que no debo pensar en el tiempo que me falta. Solamente corro, corro y corro. En la largada es todo fiesta: música, mucha gente, pero después te vas quedando sólo y en silencio. Repito que no pienso en nada, sólo lo hago faltando poco para la llegada porque sé ahí que tengo que dar todo”.

Destaca que “estoy entrenando con Fernando Miranda, brasileño de Los Gladiadores, y me está llevando muy bien. Sergio Vergara, de la Selección Argentina, me conectó con él. Me mando los planes por Internet y me va llevando muy bien. Mi objetivo es ir bajando mis marcas, me fijo que récords hay y trato de acercarme. Correr con deportistas de mucho nivel es una motivación para seguir mejorando”.

El ultramaratonista asegura que “entre entrenamiento y carreras necesito cambiar las zapatillas cada seis meses. Tengo una gran colaboración de OSX, la marca de indumentaria deportiva, que hace más de una década me provee de ropa e indumentaria. Y también de Saturn Supplements que me provee de gel y suplementos vitaminicos”. 

El año pasado, Pignataro no cesó en sus duros entrenamientos, sin embargo debido a una crisis económica no participó demasiado en pruebas oficiales. Este 2025, con 63 años, tiene programado un calendario organizado, que arrancará el 17 de mayo en la  6° Edición de la Ultra Maratón Internacional Termas de Río Hondo, corriendo 12 horas en el circuito del Autódromo. Luego, apunta al Mundial de 6 horas en Hungría y a una carrera abierta de 12 horas en Rumania. Y posiblemente el Mundial Masters, en octubre, en Alvin, Francia, aunque el frío intenso de esa época le genera dudas. “Prefiero correr con calor”, asegura. 

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